Esta crónica se publicó en Diario El Universo en julio de 2003. La escogí a propósito del caso Guayaquil Bizarro que debían desarrollar. También puse otras más.
Salinas, una calle que se inventa cada día
Miércoles por la tarde. Del cielo parece caer fuego y no asoma una nube donde cobijarse. Guayaquil bien podría considerarse una ciudad edificada sobre brasas. La calle Salinas (18) luce amurallada, taponada en sus intersecciones con Gómez Rendón y Cuenca, muros de más de dos metros impiden el ingreso. Hay que intentarlo por Brasil y rebuscar su realidad.
Sobre todo el ruido, murmullos que crecen y se mezclan con la música que inunda la vida de un barrio que se inventa cada día. Lo mismo vallenato que salsa, melodías cortavenas o canciones para vencer el delirio de la soledad, el abandono, la pena, el espanto del dolor.
Sobre Brasil, pequeños pilares de cemento bloquean el paso a los vehículos. Los carros se amontonan en las aceras. Aquí la cosa es a pie.
No hay misterios. Salinas es una calle de tiempo inmemorial, de sudor y de alcohol, de aglomeración, de tipos de rostros difíciles, de hombres que buscan placer por dinero, de mujeres imaginadas por crónicas imposibles, de vida que pasa rápido y se va lenta.
Junto a un taxi, sentado en una silla de plástico, Daniel Cevallos (28) bebe cerveza cercado por dos amigos. En el suelo hay dos botellas de las que se sirve en vasos descartables. “Vengo a matar mis penas”, suelta a quemarropa, después ya nadie lo puede parar. Tiene ganas de hablar y lo hace sin apuros, siempre con el vaso en la mano.
Su relato viene solo. Peleas con su esposa porque no se entienden. Le gusta la música, el ambiente de fiesta sin control, asegura que no se relaciona con las chicas que trabajan en el barrio, es barcelonista hasta el infinito y siempre vacila con su pana Francisco Jordán.
Vida de arrabal. Detrás de los muros, cámaras de vigilancia instaladas por la Municipalidad, todo lo que sucede en la calle se mira. Gente por montón. Muchos van y vienen en un viaje sin arribo, buscando chicas que parecen secuestradas detrás de paredes construidas con cemento y rejas.
¿Quién inventa la memoria de los hombres? Las señas. Todo el lenguaje cifrado que los asiduos de este sitio identifican. “Intento buscar consuelo”, confiesa Pedro, alias Avanza, el vaso lleno de cerveza en la mano y la sonrisa que empieza lentamente y luego se transforma en una carcajada que abarca todo su rostro.
Aquí uno olvida todo, es la expresión que domina la memoria, invención que se termina aceptando como propia y original, todo se diluye en el ambiente de tono continuo y atardecer naranja que se apoderó de la calle Salinas cuando no había tierra ni pavimento, y solo puentecitos de madera sobre el agua del estero servían para conducir a los atrevidos al encuentro con lo prohibido.
La realidad es lo que los ojos comprenden. La música no se detiene desde las 10h00 hasta las 20h00. La noche no viene sola y es mejor evitarla, aunque ahora todo está más tranquilo, conversan los transeúntes, los dueños de los locales colaboran para que se perciba algo de calma en medio del caos, y de vez en cuando la policía patrulla esas calles.
La cerveza cuesta 80 o 70 centavos, dependiendo de la marca. Los bares tienen su causa propia: El Arbolito, El Castillo, Casa Yoyita, El mil amores, Arco Iris, Romance; hay más, incluso una discoteca recientemente inaugurada. Sin embargo, muchos prefieren vacilar afuera, encerrado no se puede apreciar nada, y “aquí no matan a nadie por decir algún piropo a una mujer”, recuerda Daniel.
En todos esos lugares siempre es oscuro, y tienen ese olor que de tanto transitarlos se pega en la piel.
En la esquina de Brasil, en dirección hacia Cuenca, en un local sin nombre varias mujeres se mueven lentas. Un largo corredor habitado por las sombras de la tarde deja adivinar los cuartos donde el amor tiene precio, $6,00. El resto depende de la imaginación.
En un rincón, agarrada de las rejas se encuentra Gloria. Pelo castaño tinturado de rubio y recogido en una cola de caballo, mira de frente y desafiante con sus ojos verdes, su cara redonda, cuerpo blanco y grueso cubierto apenas por un babydoll de tono celeste y algo transparente.
Por la calle pasan los hombres siempre mirando, las distancias se salvan con dinero, los besos tienen precio. Ella tiene tres niñas y un niño, nació en la provincia de Los Ríos y es mejor que nadie se atreva a hablarle de la crudeza de la vida. La conoce toda y diariamente tiene que fabricar una forma nueva de no sucumbir.
Pero dice que los hombres son unos necios, no aceptan ponerse condón, la queja es que no es lo mismo. El mejor día es el sábado, atrás quedaron las noches sin fin de los viernes y los domingos festivos. La crisis económica también se siente ahí.
“Desde que cercaron la calle 18 se puso malo todo”, recuerda Gloria. “Antes de la dolarización se estaba mejor, ahora muchos solo vienen a mirar”. Sentencia acompañada por gestos de desdén mientras busca refugio contra el sol.
La calle repleta de todo. La carretilla de chuzos de la lojana, el encebollado de Pepe Lucín, el puesto de revistas del abuelito, agua de coco, cebiches, alitas de pollos y en medio del alboroto, palabras y gestos de reproche.
2 comentarios:
Jorge Enrique Adoum (Ambato, 1923- Quito, 2009)
ADIVINA ADIVINADOR
declaración de amor a la muerte
te desamé hace tiempo me resigné a quererte y te desquise
y aunque estoy acostumbrado a estos desencuentros
no quisiera que me quieras ahora que no quiero
aún tengo que acabar lo que acabo de empezar
me faltan por ejemplo caricias que no inventodavía
la guerra o illa fatal contra mí mismo
y escribir por fin quizá quién sabe acaso
el poema que aguarda que el hombre sea y no que dure
o comprar una rosa cuando vuelva la ella
después qué diablos
te he esperado y te he desesperado y tú te acercas
yo sé que también esta vez te saldrás con la tuya
no tardes muy mucho ni tampoco tan poco
ahí estaré como si te deseara mujer de prójimo
a besarte la misma boca con la que me insultas
cuando desvives a los niños y de los otros
a pinochetazo puro no me dejas
sino nombres ya sin nadie en mi libreta
Pensé que saldría en "HOME", pero salió aquí, discúlpeme.
Publicar un comentario